En la búsqueda de una condición física óptima, es común subestimar la importancia de la flexibilidad articular. Incluso en personas con una excelente condición física, la falta de este componente es una realidad. Hoy nos adentramos en el mundo, a menudo poco considerado, de la flexibilidad articular y exploramos formas sencillas de mejorar este aspecto clave del bienestar físico.
La flexibilidad, un componente frecuentemente descuidado de la condición física
Desde un punto de vista anatómico y en el contexto de la actividad física, la flexibilidad se refiere a la capacidad de los músculos y los tejidos conectivos que rodean una articulación para estirarse y moverse dentro de un determinado rango de movimiento. A menudo se mide por la capacidad de la articulación para realizar movimientos en distintas direcciones sin restricciones ni molestias.
¿Qué factores influyen en la flexibilidad?
La flexibilidad es el resultado de diversos factores, entre ellos la estructura anatómica de las articulaciones (móviles, semimóviles, etc.) y las propiedades elásticas de los músculos, tendones y ligamentos. Más allá de estos factores anatómicos y fisiológicos, la flexibilidad y la movilidad articular también se ven influenciadas por el estilo de vida y la salud. A continuación, se presentan los principales factores que la afectan:
Edad
La flexibilidad articular tiende a disminuir con el envejecimiento. Los tejidos conectivos, como los tendones y los ligamentos, pierden elasticidad, lo que provoca una reducción del rango de movimiento. Esto se explica principalmente por una disminución de la hidratación de estos tejidos.
- Nivel de actividad física
Un estilo de vida activo y la práctica regular de ejercicio ayudan a mantener y mejorar la flexibilidad articular. Los músculos tienden a conservar su flexibilidad cuando se utilizan con frecuencia. - Temperatura corporal
Los músculos presentan mayor flexibilidad cuando la temperatura corporal es más elevada. Por ello, se recomienda realizar ejercicios de calentamiento antes de actividades que requieran flexibilidad, ya que favorecen la circulación sanguínea y el aumento de la temperatura corporal. - Hidratación
Una hidratación adecuada es esencial para la salud de los tejidos conectivos. Las articulaciones bien hidratadas están mejor preparadas para mantener una flexibilidad óptima. - Condiciones médicas
Algunas afecciones, como el desgaste articular y el deterioro del cartílago asociado a la edad, pueden afectar la flexibilidad articular debido a la rigidez y las molestias que generan. - Estilo de vida sedentario
Un estilo de vida sedentario puede contribuir a la rigidez articular. Permanecer sentado durante períodos prolongados puede provocar una disminución de la flexibilidad, especialmente en los músculos de la zona lumbar, las caderas y las piernas.
Impactos concretos en la calidad de vida
La flexibilidad desempeña un papel fundamental en muchos aspectos de la vida diaria y de la actividad física. Puede mejorar el rendimiento deportivo al permitir un mayor rango de movimiento, reducir el riesgo de lesiones al favorecer una mejor absorción de impactos y promover una postura adecuada gracias a una mejor alineación articular.
Por el contrario, la falta de flexibilidad puede tener diversas consecuencias en la vida cotidiana. Aumenta el riesgo de lesiones debido a la tensión muscular, favorece los problemas posturales, provoca molestias articulares y limita la movilidad. Estos efectos son concretos; por ejemplo, tareas cotidianas como levantar una bolsa pesada del suelo pueden volverse mucho más difíciles cuando falta flexibilidad.
Los diferentes tipos de estiramientos
Para mejorar la flexibilidad, es fundamental incorporar ejercicios de estiramiento de forma regular. Una práctica de 10 a 15 minutos, al menos tres veces por semana, puede marcar una diferencia significativa. Los programas de entrenamiento orientados a la flexibilidad suelen incluir una combinación de distintos tipos de estiramientos para mejorar tanto la flexibilidad muscular como articular.
Estiramientos dinámicos
Se realizan en movimiento, como flexiones del tronco o estocadas. Son excelentes como ejercicios de calentamiento antes de entrenar.
Estiramientos activos
Implican posiciones activas que se mantienen durante unos segundos. El yoga suele incluir este tipo de estiramientos.
Estiramientos pasivos
Consisten en mantener una posición de estiramiento con la ayuda de una fuerza externa, como un compañero, una banda elástica o una toalla.
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